Historia de la Persiana

La palabra persiana viene del latín “persa, -ae” que significa originario de Persia. El mecanismo recibió dicho nombre porque las primeras importaciones que se hicieron a Europa en el siglo XVIII venían desde Persia a través de Venecia. De aquí el origen de persianas venecianas.

La primera persiana moderna se patentó en 1769 y se empezó a fabricar industrialmente en Londres.

Pero las persianas no son un invento londinense ni mucho menos. En la Antigüedad no se solían utilizar porque todas las ventanas tenían contraventanas.  Podría ser que su origen se remontara a las tribus nómadas que cubrían sus espacios abiertos de sus cabañas con hojas para resguardarse del ardiente sol del desierto. Los nómadas mojaban las hojas para mantener fresca sus viviendas. Era su particular método para refrigerar su hogar.

Se sabe que las persianas fueron utilizadas por los egipcios. En el Antiguo Egipto se usaban cañas para impedir el paso de la luz y al mismo tiempo que el aire fresco pasaba hasta el interior de las viviendas y edificios administrativos. Se anudaban las cañas y se colgaban en el marco de las ventanas consiguiendo aislar el interior de los edificios tanto del calor como de las miradas ajenas.

En China, las persianas se fabricaban con caña de bambú.

Fueron los persas quienes hicieron llegar sus persianas hasta Europa, concretamente hasta Venecia, donde se popularizó su uso. En la Edad Media, se produjo en Europa un considerable progreso en la fabricación de textiles.  Los comerciantes venecianos exportaron sus persianas venecianas de tela al resto de Europa. Era un sistema idóneo para graduar la entrada de la luz y el aire en los recintos. Los venecianos siempre fueron buenos mercaderes y descubrieron este tipo de persianas durante sus intercambios comerciales en Oriente Medio y las llevaron a su ciudad de origen. Sin embargo, las cañas no eran el mejor material para producir persianas en Europa. Los inviernos europeos necesitaban materiales que resguardaran mejor del frío. De hecho, curiosamente, es muy difícil ver persianas en Inglaterra o en los países del norte de Europa. Quizá sea por su falta de funcionalidad en países donde pasan meses prácticamente sin luz solar. Aunque está demostrado que las persianas proporcionan un correcto aislamiento permitiendo conservar el calor generado por la calefacción de los edificios. Una persiana bajada cuando las temperaturas descienden ayuda a mantener la calidez del hogar sin tener que abusar del termostato.

 

¿Quién inventó la persiana tal y como hoy la conocemos?

Edward Bevan perfeccionó el sistema de la persiana veneciana en el siglo XVIII. Incorporó un cordón sin fin y una polea para mover las láminas de madera encajadas en un marco. Fue en 1880 cuando se utilizaron por primera vez en Nueva York las persianas fabricadas con láminas de cristal.

En Norteamérica las venecianas se afianzaron como un símbolo de la alta sociedad, con un significado muy ligado al poder, por lo que podían verse en muchos edificios públicos y gubernamentales. Durante esta época, una iglesia de Filadelfia fue pionera cubriendo sus ventanas con ellas.

A lo largo del siglo XIX, este tipo de cortinas empezó popularizarse.  Se utilizaban en todo tipo de edificios debido a la facilidad con la que permiten regular la luz y el aire. En 1930, el edificio Radio City de Rockefeller Center adoptó las persianas venecianas. Pero, sin duda alguna, uno de los mayores pedidos de persianas venecianas de madera de la historia fue el del Empire State de Nueva York, que se encargó a la empresa Burlington Venetian Blind Co.

Después de tanto tiempo, las persianas venecianas de madera y de aluminio siguen siendo tan populares como antaño. ¿Su secreto? Son resistentes, funcionales y decorativas.

En el siglo XX se incorporaron nuevos materiales, más resistentes como las láminas metálicas y la fibra.

Hoy en día las persianas son una forma muy popular de cubrir una ventana o una puerta, de manera que crea un determinado estilo en el hogar, aíslan acústica y térmicamente del exterior, así como impiden con eficacia que un espectador pueda ver la escena del interior de una casa protegida con una persiana.

En este mundo actual en el que vivimos podemos optar por multitud de modelos de persianas. El siglo XXI ha dado paso al uso de las nuevas tecnologías, que ha permitido que los materiales y las utilidades de las persianas fueran cambiando y mejorando nuestra comodidad en el hogar o en los lugares de trabajo.

Las diferencias entre las persianas radican en el diseño y en los materiales utilizados para su fabricación. Hoy en día es posible programar la apertura y cierre de una persiana para aprovechar la luz solar en las horas más frías del invierno, ahorrando así en calefacción o para evitar la entrada de los rayos solares en las horas más calurosas del verano, consiguiendo así un ahorro considerable en aire acondicionado.
El último desarrollo de las persianas ha sido la automatización. En términos de controlar la persiana esto se realiza normalmente con un mando a distancia, permitiendo, por ejemplo, que el usuario controle la cantidad de luz que entre en el sofá o abriendo su garaje sin bajar del coche. Además, también existe la posibilidad de controlar este accesorio a través de sistemas informáticos que poco a poco han hecho que el usuario tenga más comodidad en su hogar. La informatización ha llegado hasta nuestros móviles. Ya no puede ser más sencillo el control de las persianas.

Aun así, los mecanismos más habituales para accionar una persiana son:

La cinta: es el sistema más utilizado. Puede estar motorizado con un recogedor.

La manivela: es un sistema más incómodo que el de la cinta, pero necesaria en el caso de que no exista lugar para el recogedor o cuando la persiana es demasiado pesada.

La cuerda: se enrolla a la persiana por su centro y se ata al lateral de la ventana. Este sistema es típico de las persianas alicantinas.

A motor eléctrico y accionado mediante pulsadores o por control domótico (mandos a distancia y móviles).